El heraclíteo fluir de la realidad nos ha traído (que algo debe tener que ver con traicionar) una nueva despedida. Y aunque la inexorable lógica eléata de la "vieja hembra engañadora" (Nietzsche dixit) no sea capaz de asir en su rígida quietud ese curso imparable, sí que la intuición que nos acompaña en nuestra voluntad de vivir nos permite captar, a cada uno desde su perspectiva y circunstancia, algunas verdades: que los alumnos reverdecen cada curso y son hojas distintas, flores diferentes, pero siempre nuevas, nunca envejecen; que los profesores somos cada vez más viejos y el contraste con los que pretendemos discípulos cada vez mayor; que el alumno bien nacido debe al tiempo ser freudianamente ingrato si es que hemos hecho bien nuestro trabajo; que la nostalgia o nos da nuevas fuerzas o es pecado; que la época dorada de la adolescencia y del bachillerato tiene que ser más una huella que un recuerdo...
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Tras la palabras del Director, Luis Gutiérrez, presentando el acto y señalando como enseñar "es un placer, genial, sensual" cuando supone también que alguien aprende, fueron Yousra Ben Moussa y Youssef Talib quienes emocionaron al auditorio con sus discursos que destacaron la sensación agridulce, alegre más un punto melancólica, de quien desea dejar atrás una etapa de su vida y al tiempo sabe que le ha dejado marcado para el siempre previsible.



